jueves, octubre 09, 2008

LA CONFIANZUDA TOPONÍMIA DE L`ANTICH MARCHALENES

LA CONFIANZUDA TOPONÍMIA DE L`ANTICH MARCHALENES

Juan B. Viñals Cebriá


Que encantadora i confianzuda resultava antany la toponímia de aquell desaparegut entorn mitat hortolà, mitat capitalino, que en el segle XV, es coneixia com Marjalena/Marjalenes. Recorde tan ubèrrim lloc, amb aquella toponímia en tanta familiaritat i confiança, recorde, -la centenària i popular Parreta, immortaliltzada entre altres, per Vicent Andrés Estellés, Blasco Ibáñez, i el sainetiste Eduard Escalante. Els camins Paterna, Benimámet, Benicalap, Beniferri, Montanyana, este últim amb reminiscències de la Via Augusta, Tránsits, Campanar, Llíria, Burjassot, Pla de la Saidia, Camí Nou, Senda dels Bandejats, Senda Ventrero, Partida San Pau,carrer Trinquet, o barranquet, molí l`Esperança, molí Plantes, molí Serra, molí Bonvehí o Villacampa, molí de la Torreta, l`Olleria, la Replaçeta, pont del Anell, pont Nou (San José), els Menadors, barri Farol, la Figuera,Tendetes, el Calvari, les alquerias de Félix, el Xurro, Bacora, Badall, Bonyigo, Bona Nit, Cresol, el Fartó, Serimomos, Pedaç, Castelló, Beato, Foraster, Voro el de la Barraca,Farinòs, el Navero, Barrinto,el Fraret, el Vallador,Geroni de lloca, el Ciri, el Foraster, el Roçafenc, el Caxirulo, la Estrela, Ca Broseta,Ca Botifarra,Ca Lluna, Ca Bonica, Ca Guatla,Ca Melons, Ca Rata, Ca Donderis, la Ermita de la Mare de Deu, el Retaule, les cequies en aquells noms tan determinatius: Mestalla, Rascanya, Tormos, Petra, Algirós, Rambla, Goleró de l`Esparança,el Bollidor, i vora riu el naixement de les terres marjalenques. Estos són alguns dels records entranyables que guarda un octogenari Marjaler, mai marxalener


jueves, octubre 02, 2008

RECORDS DE UN OCTOGENARI MARJALER

RECORDS DE UN OCTOGENARI MARJALER
Juan B. Viñals Cebriá
En la década de los años setenta del siglo XX, don Vicent Andrés Estellés, periodista y loado poeta, publicaba en el periódico LAS PROVINCIAS, bajo el epigrafe de CAMINS, publicaba este desemfadado y encantador poema.- “Abans, el camí del meu poble --el meu poble es Burjassot— era, des de València, una delicia.Hi havia l`horta, l`horta en laseua manifestació mes vivaç iprocaç. Hi havia a un costati l`altre, alqueries i sequies, i de vegades, fins i tot, barraquesi parres. Hi havia una toponi-nimia d`una familiaritat “confian-çuda” i divertida: pense, ara com ara, en “Casa la Conilla.Pero pense, també, en el Molí de l`Esperança i pense en la Parreta (…),hi havia, o hi hagué, frag-mentes importants de conters i de sainets -Escalante i BlascoIbañez. Ara no queda res. Es a dir: ara, l`horta ha desaparegut,tot esta edificat . La ciutat creixi s´ho manja tot. Es un fet –però ès, malgrat totes les compen-sions- , un fet trist, melancolic. res”.
Después de leido lo escrito por don, Vicent Andrés Estellés, esos retratos vivos de aquellos tiempos donde se describen algunos de los lugares que hubieron en la barriada. Su confianzuda llaneza, es lo que hizo despertar en mí, un inusitado interés por la historiografia de estas tierras antaño marjalencas. Años después tuve la suerte de rescatar el parágrafo mencionado por el poeta, tal cual como aparece en el sainete de Eduardo Escalante, donde el valencianisimo autor situa tan “melosa” y tierna escena entre la mas que centenaria y lamentablemente desaparecida Parreta,cuyo título original del sainete es. “El dèu, dénau y noranta”(sic); donde Tonet, galantea a su enamorada.-. ”Tonet. Qui no m'ha de tindre enveja? Si açò no es un amor ferm que vinga Déu i ho veja. Tu saler no aconseguixes veient la meua figura, que estic per la teua bellesa mes sec que una coca en panses. Et recordes un dia a poqueta nit que amb ton pare vènies de la Parreta: I en Marchalenes va caure una flor blanca d'entre les teues trenes? Jo vaig tindre la fortuna d'arreplegar-la, i en els teus manetes depositar-la, tu me vas mirar, i en la tal miradeta m'afusilaste Jo en el món no pensava en mes femella a qui tindre afecte que a la cistella.Quant mentider me vas deixar al veure tant de saler! Des de llavors la vida trobada mes bona; que un tresor l'afecte val d'una dona; A mon em faltava eixe teu, qui fa caure a gust la bava Quan dels dies de festa portes la roba, i al cantó res més sals així de buida…Viva el rebombori, mitj carrer portes darrere del teu garbo. Qui no veu en la teua careta la d'una imatge ; d'ulls mes negres que l'atzabeja: Quan com un vel els ombregen dos franges de vellut. A eixos ulls que l'afecte que em tenen diuen a eixos llavis de glòria que em somriuen. Dolços i rojos, he de dir a una cantadora que els cante uns gojos”.(sic) Que encantador resultaba antaño, aquel idilico entorno mitad capitalino, mitad huertano, del antiquisimo Marjalena, después conocido con los distorsionados Marchalenes,Marjalenes, Marxalenes, con aquella deliciosa y confianzuda toponimia: la centenaria y popular Parreta, los camínos de Paterna, Campanar, Benicalap, Montanyana, donde junto a la biblioteca Joanot Martorell, existen reminicencias de la Via Augusta,Trànsits, Lliria, Burjassot, Pla de la Saidia, camì Nou, Senda dels Bandejats, Senda el Ventrero, carrer Trinquet, molí l`Esperança, molí Plantes, molí Serra, molí Bonvehí o Villacampa, molí de la Torreta, l`Olleria, la Replaçeta, el pont de l` Anell, el pont Nou, el Bollidor, els Menadors, barri Farol, el Barranquet, Tendetes, el Calvari y las alquerias de Felix, Serimomos, Pedaç, Beato, Voro el de la Barraca,Farinòs, Navero, Barrinto,el Fraret, el Vallador,Geroni de lloca, el Ciri, Ca Lluna, Ca Bonica, la ermita de la Mare de Deu, el Retaule, y las caudalosas acequias Mestalla, Rascanya, Tormos, Petra, Algirós, Rambla, y Goleró de l`Esparança, etc. Estos son algunos de los recuerdos que nos rememoró un octogenario
Marjaler. BibliografiaLas Provincias.“El Deu, déneu…J.B.Viñals Cebriá.-“Marchalenes (…)” 2001


jueves, septiembre 25, 2008

Marjalena/Marjalenes/Marchalenes

Marjalena/Marjalenes/Marchalenes
Juan B. Viñals Cebriá
Añoranza, de un antiquísimo topónimo valenciano de clara ascendencia árabe. Aunque distorsionado, es uno de los pocos nombres que de aquel legado agareno se aun conservan en la ciudad de Valencia. Decir, que el núcleo mayor de aquel antiquísimo arrabal de extramuros, con una hidrografía tan peculiar, en donde sus moradores vivían en humildes barracas, y alquerías de las más diversificadas categorías y clases. Los transeúntes o traguiners que se quedaban a la luna de Valencia, pernoctaban en hostatges, edificios situados en el camí rial de Lliria-Marjalena. Algo fundamental en aquellos tiempos era la abundancia del agua, cosa que moradores de este raval se sentían especialmente capacitados para el arte de la hidrogogía, circunstancia por lo cual sus moradores adoptaran como nombre un topónimo tan determinativo. Lo anteriormente expuesto queda confirmado en “Documentos y datos para un estudio toponímico de la región valenciana” debido, a Maria Cabanes Pecourt, Ramón Ferrer Navarro y Abelardo Herrero Alonso. “El agua fue en todo tiempo un motivo denominador importante, desde los primeros pueblos-que encontraban en el agua motivos divinizadores-hasta la cultura árabe-que siempre vio en el agua un elemento imprescindible para sus ritos religiosos o para sus ocios sibaríticos”. Caprichosamente la naturaleza aflora fuentes, forma cauces por donde deslizarse el agua de los barrancos y ríos, es en estos favorecidos lugares donde se constituyen los núcleos mas habitados y por lo tanto no podían ser ignorados a la hora de designar denominaciones con alguna vinculación con la calidad del suelo y sus reminiscencias hidrográficas son las que decidían la formación o designación de los nombres. Los referidos autores del mencionado libro, dicen.-“(…) los topónimos no son fruto de la sinrazón o caprichoso azar: una razón (geográfica, histórica,...) los ha motivado. Observando la topografía hallamos enseguida la explicación toponímica de numerosas localidades. Esto prueba claramente que las voces geográficas responden siempre a un sistema de denominación de carácter “significativo (…). Como ocurría en la toponimia de origen árabe, también en el netamente valenciana hay voces geográficas que deben su nombre a las circunstancias del suelo donde se hallan asentados los núcleos de población que representan(…).Numerosos topónimos valencianos han sufrido proceso de castellanización. Quizá uno de los mejores frutos prácticos de los testimonios documentales sea la detectación del proceso castellanizante que han seguido numerosas voces geográficas de la Comunidad Valenciana.La dificultad enorme que suponen algunos fonemas de nuestra lengua a la hora de ser captados por el oído castellano, ha hecho que muchísimos topónimos hayan sido adoptados a la fonética castellana, mucho mas elemental y simple que la valenciana.”.-MARJAL, origen etimológico de los derivados Marjalena, Marjaleneria, Marjaleta, Marjaletes, terres Marjalenques. El modismo Marxalenes, previene del apelativo marxant, castellano marchante, mercachifle o mercader. Por lo tanto Marxalenes no guarda ninguna relación con el topónimo originario. Del árabe March-tierras bajas y aguanosas, al castellano Marjal y Almarjal, terreno bajo y pantanoso, al valenciano Marjal, terres baixes i humides, las tres lenguas tienen el mismo significado. Después del estudio de los documentos consultados, quedaría demostrado de manera irrefutable, que Marjalena es la auténtica y verdadera grafía del eufónico topónimo valenciano documentado en el siglo XV, de tan difícil adaptación para los castellanos.
Bibliografía- Maria Cabanes Pecourt, Ramón Ferrer Navarro y Abelardo Herrero Alonso. Documentos y datos para un estudio toponímico de la región valenciana.-1981.Juan B. Viñals Cebriá.- -Marchalenes (…).-2000.

sábado, septiembre 20, 2008

MARJALENA/MARCHALENES Y LOS MUSULMANES

MARJALENA/MARCHALENES Y LOS MUSULMANES
Juan B. Viñals Cebriá
Nuestros primeros moradores musulmanes, con esfuerzo, constancia y siguiendo los sabios consejos de los ancianos agricultores más experimentados y con un profundo conocimiento de la agricultura y la arboricultura, consiguieron transformar les terres marjalenques y terrenos baldíos de vora riu, en tierras productivas para el cultivo de arroz y canem (cáñamo). Las fértiles huertas que emergían en la parte izquierda de la acequia de Mestalla, todas ella más bien parecían un frondoso vergel, con deliciosas vegas sombreadas por gran cantidad de árboles en donde sobresalían de aquella variedad de frutos, la protegida morera, en estas cuidadas huertas se cultivaban gran cantidad de verduras y hortalizas dado el consumo por la proximidad de la ciudad: en ellas nunca faltaba el agua, ya que disponía de ésta en abundancia proveniente de la antiguas acequias, entre otras las de Mestalla, Rascaña, Tormos, braç de Petra, el Goleró, braç de Rambla i braç d’Algirós, i el encreuament, todos estos canales que aquellos primeros pobladores árabes proyectaron, construyeron y dejaron como patrimonio para futuras generaciones, una obra que vista por el paso de los años fue todo un portento de avanzada ingeniería para aquella época. Como queda demostrado, la agricultura y los regadíos tuvieron un gran desarrollo, y se introdujeron nuevos y variados cultivos y árboles frutales. La terminología que actualmente empleamos en materia de riegos es todavía totalmente heredada de los árabes: acequia, azud, noria, aljibe, senia y de los mismos tenemos en el actual idioma valenciano palabras como: bacora, carchofa, carabassa, gesmil, sucre, canyamel, dacsa, llima, zafanoria, safrà, taronja, fanecada, arrop, aixerop... Nuestros antepasados musulmanes con sabiduría, destreza y paciencia, consiguieron que de forma perfecta al agua llegara hasta el último rincón de este raval. Combinaron el agua de las acequias con el caudal del río Guadalaviar, que indistintamente se servían de sus aguas para los riegos y cuando lo precisaban empleaban el cauce para realizar el eixugó (dejar sin agua los campos) operación que se realiza previamente a la plantà y a la siega del arroz que se cultivaba en les terres marjalenques. Los agarenos sentían seducción por sus fértiles y bien cuidadas huertas, sus vegas y rincones umbríos, refrescados por las cristalinas aguas que discurrían por sus limpias y bien trazadas acequias, y su río, mientras que la montaña no tenía ningún atractivo para ellos. La abundancia de las aguas en este raval es el fundamento y principal motivo del profundo arraigo que sentían los moradores por estas fecundas tierras. Por lo tanto, queda confirmado que el origen etimológico del nombre del lugar de Marjalena/Marjalenes tiene su base, en el topónimo valenciano Marjal y por lo tanto el nombre de este antiquísimo poblado ha guardado siempre la misma filosofía y no ha cambiado más que su ortografía con la llegada del rey Don Jaime I .


sábado, septiembre 13, 2008

LES NOVES BARANES DEL RIU, I EL PONT NOU

LES NOVES BARANES DEL RIU, I EL PONT NOU
Juan B. Viñals Cebriá
El pont Nou, o San José, como bien indica su nombre en valenciano, hasta el año 1937, en que fue inaugurado el pont de Campanar, era el último de los puentes construidos en la ciudad. Algunos historiadores sitúan cronológicamente la construcción de la primera -palanca- (puente), de este lugar, en el primer tercio del siglo XIV y se encontraba instalado donde antaño se hallaba por la parte derecha del río el -Portal Nou- y por la parte izquierda, -la fondalada- donde se conformaban -les terres marjalenques-. El primer puente de este lugar se construyó de madera -palanca- nombre que daban los valencianos a estas construcciones realizadas con maderos; facilitaba la comunicación con los circunvecinos arrabales de Marchalenes, Tendetes, Benicalap, l`Olleria, y los viejos poblados de Campanar, Beniferri, Benimamet, Paterna, Burjassot, Godella, Benaguacil, Benisanó, Liria, los Serranos, incluso el antiguo reino de Aragón. La riada documentada de 1517, destruyó gran parte de uno de los primitivos puentes. La fisonomía actual que encontramos en nuestro renombrado -pont Nou- se debe en gran parte a las modificaciones constructivas realizadas a comienzos del siglo XVII. Dichas modificaciones introdujeron nuevos materiales, sillería y se incluyeron hasta alcanzar trece arcos escarzanos, para de esta manera alargarlo y conseguir quitar la inclinación del centro del puente y hacer desaparecer las inseguras tierras marjalencas, hasta lograr conseguir un firme compacto, junto a la desaparecida Rambla. Algunas crónicas dicen que cuando los arcos se cimentaban en los -aigua molls- el agua era desviada y se excava hasta alcanzar un suelo con buen firme. Desde la cimentación firme los pilares eran levantados hasta la base de los arcos. El escultor italiano Ponzanelli realizó en el siglo XVIII las estatuas de Santo Tomás de Villanueva y San Luís Bertrán que fueron instalados en los casalicios de este histórico puente. Posteriormente, encontrándose depositadas las mencionadas imágenes en los almacenes municipales, por decisión de F. Garín Ortiz de Taranco que las rescató, fueron instaladas en el puente de la Trinidad. Viejos documentos aseguran que “El encauzamiento del río y acomodación de los pretiles se realizó en sucesivas fases entre 1591 y 1789", quedando revestida la margen derecha desde la Creu de Mislata hasta Montolivete, y la margen izquierda desde la Alameda, hasta rebasados con pretiles unos cuantos metros del puente de San José. Un dato nada divulgado y por lo tanto poco conocido, son los años en que se construyeron los muros y pretiles para salvaguardar de las inundaciones los viejos lugares de Campanar, Marchalenes, y Tendetes. Este acontecimiento es recordado por Santiago Fernández Serrano, amigo y testigo presencial, quien nos lo explica de la manera siguiente: “Se expropiaron los terrenos donde antaño se encontraba la 'fondalada' donde se apilaban los troncos de maderas traídos río abajo por los intrépidos -ganxers-y se añadieron los pretiles que faltaban hasta conectar con los del puente de Campanar (1937)". Las obras se ejecutaron durante la década de los años cincuenta, poco antes de la riada de 1957. Otro documento suficientemente explicito nos refiere: “Que en algunas las primitivas obras se labró la gran Torre de Santa Catalina (1390) contigua a los muros de la ciudad (actualmente el Ivam).Posteriormente durante los siglos XVI al XVIII, se consiguió más que contener las inundaciones del casco viejo, transferir las aguas enfrente a las cotas más bajas donde se formaban las determinativas tierras marjalencas. La contención del flujo por los muros de la derecha debió, sin duda, debió de imprimir mayor velocidad al agua durante las crecidas, produciendo la rotura de los tajamares, que sostenían los primitivos puentes y diques, desbordándose por las desprotegidas orillas de la parte izquierda, eran por lo tanto por estos territorios a la vera del río por donde el agua irrumpía con gran violencia; la expansión del flujo provocaba la rotura de estos márgenes y el socavamiento del fondo del río. Las crónicas son elocuentes con respecto a estos fenómenos. Conocidas las constantes inundaciones sufridas en los niveles mas bajos de estos territorios, nos referimos ahora a la comarca provincial de Valencia más altamente productiva, la más rica, era la que se contemplaba hasta hace medio siglo (1957);ampliado hacia el norte gracias a la presencia del Barranco de Carraixet y hacia el sur por el Barranco de Torrente y el río Xúquer, lo que ha supuesto históricamente que todo el litoral valenciano sea un espacio eminentemente fructífero y poblado, teniendo que exceptuar dentro de tan ubérrimo territorio el pequeño entorno donde se asentaba el trozo de la rambla, cuenca, la hondonada que antaño principiaba el puente de Serranos y Santa Mónica, hasta que se alcanzaba, por poniente el lugar donde se encontraba el Patronato, actual Nuevo Centro, junto el puente de Ademús.

sábado, septiembre 06, 2008

Marjalena, mai Marxalenes

Marjalena, mai Marxalenes

Juan B. Viñals Cebriá

Las especiales circunstancias orográficas que conformaban la llanura, o conca, en la parte izquierda del río Turia, en la Valencia de extramuros, y algunas de sus crecidas, son las que propiciaban la formación de las determinativas tierras Marjalencas. Además de este peculiar fenómeno hidrográfico, añadir las cíclicas lluvias donde las aguas quedaban estancadas por la forma cóncava de este territorio. Un estudio de la orografía de esa parte de la ciudad Valencia, nos muestra una aparente uniformidad de la llanura de la vega, donde esconde una gran variedad de microambientes. Esta complejidad revela la franja, o llanura afectada históricamente. Entre las de mayor impacto cabe destacar la hondonada que se formaba a la vera del río, en el antiquísimo Marjalena/Marchalenes, que alcanzaba desde la nombrada l`Alcudia, por Roque Chabás, hasta el tétrico cremador, lugares estos que se encontraban en la margen izquierda del río Guadalaviar, Turia, o riu Godalauar, que con esta última grafía aparece en el Manual de Concells i Establiments núm. 1 A (Archiu del Ajuntament de Valencia) (sic). En dicha franja son normales la erosión de sus tierras, las direcciones de flujo contradictorias, el depósito de grava y arena a los campos, fuertes corrientes, etc. Después del desvío del río del centro de Valencia, la parte derecha de la gran ciudad quedó protegida y por lo tanto no le afectaban las inundaciones, sin embargo, sí que se anegaban los terrenos bajos de la gran llanura donde emergían las tierras marjales. De ser de mayor intensidad el desbordamiento igual circunstancia afectaba ha cualquiera de las otras zonas mencionadas, todo ello como consecuencia del meandro que se formaba antes de alcanzar el prado, o extensa llanura. Estas circunstancias son las que propiciaban que en las bajas cotas de esta parte del río se formaran los aigua molls, por donde fenecía el barranc d`Endolça, circunstancia esta que aún seria más acusada en épocas pretéritas (conviene recordar, que en este sitio, calle Doctor Olóriz, en la riada de 1957, alcanzaron las aguas cinco metro de altura).De manera que antaño se manifestarían prominencias en el llano de la Zaidia y la calle de Sagunto, Rodrigo Pertegás, nos ofrece estos testimonios.-“(…) y hacia medio día Campanar y Beniferri, a la misma altura media de treinta y tres metros, separados entre si por una estrecha hondonada que, desde Paterna y Benimamet, se dirige por Tendetes a Marchalenes, para elevarse nuevamente el terreno hasta el llano de la Zaidia y calle de Sagunto, donde estuvo el barrio árabe de l`Alcudia, así llamado por su mayor altitud respecto a los lugares circunvecinos , bajando ya desde aquí uniformemente por el llano del Real, hasta el mar(…)”. Este erudito valenciano, nos da a conocer la prolongación de los restos de una superficie aluvial que antaño advertíamos que descendiendo desde Paterna y Burjassot se dirigía hasta el barranquet de la ciudad de Valencia, lugar que ahora se encuentra en la actual calle de Arzobispo Fabián y Fuero, y constituía a forma de un pequeño riachuelo; incidente que ocurría cuando se desbordaba la acequia mare de Mestalla, o el mismo río Turia. Después emergía el altozano de la explanada, donde se localizaba la Ermita de la Mare de Deu dels Desamparats (actualmente calles, Málaga, esquina Alquería de la Estrella), cuyo altura impedía la propagación de las aguas por las tierras de huerta, situadas más al norte de este raval. De nuestro coetáneo y documentado Ignasi Mangue Alférez, extraemos este tan interesante parágrafo, cuando se refiere al pintor flamenco Anthonie Van den Wijgarde.- “Este documento gráfico (mitad del s.XVI) de tan pormenorizado detalle resulta único y trascendental en si mismo, pues nos ofrece una nítida imagen de la ribera del río al paso de la ciudad de Valencia, anterior a la gran transformación, que supuso el encajonamiento de los márgenes del río, mediante la construcción de los pretiles. Esta vasta obra de ingeniería civil, proyectada desde el deseo y la aquiescencia de la monarquía hispánica y bajo la dirección de la Fabrica Nova del Riu –Murs i Valls-, trajo consigo un impacto decisivo en la nueva definición del espacio ribereño del Guadalaviar, sobre todo al norte de la ciudad- área endémica en sufrir el mayor impacto de la cíclicas inundaciones del curso del agua”. Hay que recordar que los pretiles de Marchalenes hasta Campanar, no se ejecutaron hasta la década de los años cincuenta. La falta de los mencionados pretiles, y la circunstancia especial de la proximidad del río, y la hondonada, explican de por sí, la escasa expansión de los núcleos de población de la margen izquierda del río próximo a vora riu; en los lugares de Campanar, Tendentes, Marchalenes, o la Zaidia, que no habían experimentado gran desarrollo urbanístico, hasta la década de los últimos años setenta, cuando quedó concluido el renombrado Plan Sur, momento en que esta zonas quedaron integradas en el área de eclosión de la floreciente ciudad de Valencia. Referiremos otro dato, que en este caso concierne históricamente a nuestro inseparable pont Nou (puente San José), algunos autores lo sitúan cronológicamente su primitiva construcción en el primer tercio del siglo XIV, situado frente al Portal Nou y Marjalena, se montó de madera y debía facilitar la comunicación con nuestro arrabal, Campanar, Beniferri, Burjasot, y los Serranos. La riada de 1517 destruyó un trecho del puente. Su fisonomía actual se debe en gran parte a las modificaciones constructivas realizadas a comienzos del siglo XVII, dichas modificaciones introdujeron nuevos materiales, sillería y se ampliaron cuatro de los trece arcos escarzanos que ahora se compone. En 1693 fueron colocadas sobre los rebancos de los tajamares del tercero y cuarto arcos, dos esculturas de los santos Luís Bertrán y Tomás de Villanueva, obras que encargó el canónigo Antonio Pontons García al escultor italiano Giacomo Antonio Ponzanelli, hoy dichas estatuas, por iniciativa de don Carlos Felipe Garín Ortiz de Taranco se encuentran instaladas en el puente de la Trinidad. Para terminar queremos ofrecer el valiosísimo testimonio sobre la existencia de las tierras marjalencas, con las decisivas palabras pronunciadas por don José Rodrigo Pertegás, quien refiriéndose a esta orografía en tiempos pretéritos, dice.-“Para demostrar cuanto hemos dicho de las lagunas y pantanos que hubieron a la izquierda del río Turia, hemos de aducir en primer termino, que en XIV de la calendas de febrero del año de la Encarnación 1262 (2), en cierto contrato entre el Obispo y Cabildo de Valencia, por una parte, y los Templarios por otra (…)”.Por lo tanto, el verdadero y originario topónimo de este antiguo raval es, Marjalena, mai Marxalenes.
Fin
Bibliografía.José Rodrigo Pertegás.-
Conferencia pronunciado en Valencia, el día 7 de febrero, de 1915.Abelardo Herrero Alonso. Toponimia Valenciana.1991Pilar Carmona González y Joan Olmos Lloréns. OP.-Revista del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Nº 28.Año 1994.Ríos IIJuan
B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes huerta y (…)” V.2oooIgnasi Mangue Alférez.-“Marchalenes (…)”V.2001.

sábado, agosto 30, 2008

LA PAELLA DE LA PARRETA ®

LA PAELLA DE LA PARRETA ®
(Fragmentos)
Juan B. Viñals Cebriá
Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio, sin autorización escrita del autor Juan B. Viñals Cebriá. Inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual, V.- 23-07-2007.

La trascendencia de esta receta, viene dada ni más, ni menos, que por tratarse del plato germinado en la señorial cocina de la alquería de la Parreta, en donde antaño existía una rigurosa recepta (receta) oral, la cual, me la explicó personalmente mi tía Maria, la hermana de mi madre, que en la década de los años sesenta se encargaba de tan notorios fogones. Por aquellos mismos tiempos ella misma con paciencia me reveló las materias primas y el adecuado procedimiento que correspondía emplear para la elaboración de la reina y señora de la gastronomía de la Comunidad valenciana. Fruto de aquella confidencia familiar, actualmente nos encontremos ante la génesis de la genuina recepta, que podemos transmitir escrita exponiendo didácticamente los elementos invariables que son exclusivos para las paellas condimentadas con el Fundamento de la Parreta. Por lo tanto, nuestra fuente documental es trascendente y directa desde el mismo origen, mi abuelo paterno D. Vicente Cebriá Ballester era pariente próximo de los dueños de aquella alquería del camino de Burjassot tan loada por Vicente Blasco Ibáñez, el novelista valenciano más universal, quien escribió: “(…) cerca de las doce llegaron a la alquería del camino de Burjasot, donde la paella burbujeaba ya sobre los sarmientos, faltando sólo que le echasen el arroz”. La tan acreditada alquería del camino de Burjassot, mantuvo desde siempre el prestigiado nombre de La Parreta. La hermana de mi madre, como hemos dicho, fue quien en la mencionada época, se hizo cargo de sus fogones, manteniendo impoluta la tradición de cocinar la típica paella valenciana, con la autentica receta de La Parreta, receta, que anteriormente le había facilitado de propia voz la tía Lola, otra familiar nuestra y descendiente directa de los fundadores de tan dignificada alquería. Hechas estas elementales revelaciones preliminares es necesario situar la cuestión en el estudio de la cocina y sus recetas, porque a nadie se le escapa que la comunicación en la cocina es algo relativamente nuevo. Debemos de indicar que la modalidad de los libros de fórmulas es cosa bastante reciente, y considerar el boca a boca, como el procedimiento normal en la transmisión del recetario exceptuando el libro anónimo de Sent Sovi, 1324, y los viejos tratados de los refectorios monacales. Parece ser, que los cocineros en la antigüedad eran bastante reacios a escribir sus formulas, y decir, que los libros de recetas culinarias son cosa importante en estos momentos. *** La paella sense mànec, era considerada por aquellos huertanos del siglo dieciochesco,como menjar de senyorets (comida de señores, o comida para la aristocracia), por lo tanto su condimentación la debemos de rodear de la liturgia, y boato cual corresponde a su linaje. Y en cuanto a su elaboración se recomiendan los componentes inalterables y exclusivos para que desde un principio acompañen el ritual del Fundamento de la Paella de la Parreta, o Paella Valenciana.
1.- EL ARROZ. Son preferibles los arroces de grano medio o corto. No utilicen arroces de grano largo, porque absorben menos caldo y no resultan tan gustosos. ¿Qué recóndito misterio oculta el arroz que, siendo insustancial, cocido en solitario es, sin embargo, idóneo para glorificar, las más diversas combinaciones? Pues bien, no hay ocultación ninguna en estos granos, sino es el de consumar con sumisa pero trascendentalísima función: ATESORAR EL SABOR de todas las materias primas que le cortejan en el recipiente. El arroz liga y conecta en su insustituible función de fundir sabores, aromas y texturas para ofrecernos un interminable repertorio culinario, del que destaca indiscutiblemente en la Paella.
2.- EL FUEGO. Queremos recordar que antaño dentro de la liturgia que rodeaba la elaboración de nuestro plato, para el fuego era preferida la leña, y a ser posible ramas secas de “llimera”, o naranjo, se decía que, “por su combustión acelerada y su característico aroma, que contribuían al mejor sabor final”. El fuego debe de cubrir toda la base posterior de la paella, y retirarlo del centro cuando ya se haya absorbido el caldo.
3.- EL RECIPIENTE. El que siempre se debe emplear para condimentar tan excelso condimento es la paella. Los naturales antaño le llamaban paella sense mànec (paella sin mango), o sencillamente paella; recipiente de hierro de escasa altura de forma cóncava que desde el siglo XVII se utiliza para cocinar el plato más exquisito de la cocina mediterránea. En principio, la palabra paella designa el condimento y el recipiente. Esa confusión de significados provocó la lógica aparición del término paella sense mànec para deshacer la ambigüedad.*** El presente documento se compromete por lo tanto a perseverar en la elaboración de la paella con los textos del Fundamento, intentando erradicar la comida poco saludable del hábito alimenticio y condimentar alimentos basados con la sana dieta mediterránea.
ESTRICTOS y EXACTOS INGREDIENTES (Para 4 personas):
300 gr. Arroz grano medio.
600 gr. de Pollo
500 gr. de Conejo
250 gr. de Bajoca (judía verde ancha)
200 gr. de Garrofó (judía blanca ancha)
100 gr. de Tavella (judía blanca)
100 gr. de Tomate natural
100CC.de Aceite de oliva virgen
Azafrán hebras
Sal
Pimentón colorado dulce
Agua.
Infusión de Romero.
(No coloquen tal cual la rama de romero en la paella, hace vulgar y, sus briznas agravian al buen gourmet). En el Fundamento de la paella de la Parreta, o paella valenciana no se acepta en su condimentación la palabra truco por su posible concomitancia con engaño, pues todas las materias primas de que se compone este plato deben de ser frescas y naturales, pura ambrosía. Por lo artesanal y equilibrado de este alimento, su elaboración solo admite los adjetivos de arte o maestría. Cuando se pide que se nombre al plato más internacional de la gastronomía española, la mayoría con distancia le otorga el primer puesto, tanto por notoriedad y como por sabor, a la deliciosa paella. De hecho, cabe recordar que en 1992 y bajo el marco de la Capitalidad Europea de la Cultura, tuvo lugar en Madrid el Congreso Mundial de Gastronomía en el que se buscó un menú que definiera los sabores patrios; las estrellas fueron el gazpacho, y la paella valenciana.
RECOMENDACIONES
El arroz, una vez repartido por la paella, debe removerse lo menos posible. De lo contrario, irá soltando su almidón y al final, el grano no quedará suelto. Si el arroz parece ya cocido pero todavía queda mucho caldo, remontar el fuego al máximo para que el caldo se evaporice lo antes posible. Por el contrario si el arroz sigue duro y queda poco caldo, descender el fuego para que se consuma a fuego lento y cuando el caldo se haya evaporado, si el arroz continua duro, quitar del fuego la paella y taparla con material no transpirable o un paño humedecido y dejarlo así reposar unos minutos. Agua para el caldo. Científicamente en todas nuestras prácticas ha queda demostrado que toda el agua potable es buena para condimentar la paella. Además debido a la forma cóncava que tiene el recipiente, le permite esta circunstancia la correcta evaporación del caldo. Advertencia; la Paella de la Parreta o paella valenciana no es un amasijo de ingredientes, propiciados por cocineros inexpertos. Se piensa erradamente que la paella tiene como ingrediente principal el arroz y que, a partir de ahí, vale cuanto más mejor. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que sin el arroz, hablar de paella resulta cuanto menos que una bobería, pero lo inadmisible a la hora de condimentarla no es sinónimo de que todo vale. La razón es sencilla en gastronomía, la mezcla de heterogéneas carnes, aves, pescados o verduras puede darle a nuestro estómago una sensación poco grata. Al respecto, es necesario recordar las contundentes palabras de los autores de “100 paellas y una fideuá, Ignacio Méndez-Trelles y Ernesto Cantón, los cuales, califican la paella mixta, donde el pollo convive con las gambas, de auténtica herejía culinaria. El éxito universal de nuestro vocablo Paella no ha podido ser mayor en cualquier idioma culinario. Pero eso nos obliga a los amantes de esta genuina receta, exigir en todo momento y lugar, la defensa de ese patrimonio o bien cultural, que representa este manjar culinario de la Comunidad Valenciana. Advertir que las preciadas y exactas materias primas antaño sólo se podían encontrar en el rebost (alacenas) de los ricos señores huertanos. A la hora de comer nuestra paella, los sibaritas, o gourmets, aplican unas gotas de espíritu de limón. Con el rigor histórico que merece tan preciado manjar, la paella valenciana nació en principio, para solemnizar los grandes acontecimientos de índole familiar de los señores de la huerta; después de la mano de la burguesía capitalina, se integró en los círculos artísticos y culturales de Alicante, Castellón y Valencia.Nota.- La Parreta fue galardonada con el titulo y la medalla otorgada por el Centenario de la Cámara de Comercio de Valencia (1886-1996).Recuerdos para la nostalgia. Una de las ancestrales costumbres caídas en desuso, era el rito de comer el arroz de la paella con cullera de fusta (cuchara de madera).Algunos de mis títulos culinarios. Fundamento de la Paella Valenciana.. Molt Distingit Cuiner (Muy Distinguido Cocinero).. Paella sense mànec Tienen mi autorización, para que puedan mostrar, comentar, etc., estos fragmentos.Atentamente.Fdo.- Juan B. Viñals Cebriá

viernes, agosto 29, 2008

Tendetes y la acequia de Rascanya

Tendetes y la acequia de Rascanya
El regadío valenciano

Juan B. Viñals Cebriá

El llogaret (espacio) donde se encontraba el Molí de la Torreta, el Forn, i la alqueria, no lo encontramos documentado hasta la época medieval con el nombre de Tendetes. Por antonomasia este llogaret desde las épocas pretéritas, era el corazón de la caudalosa acequia de Rascanya. Este antiquísimo lugar, aunque su existencia hay que reconocerla como anterior al Repartiment, no la localizamos documentada hasta el siglo XV, -Llibre d`Avehinament.- “3- IX-1424.-Pedro Ferris, labrador, ex vecino de Liria; habita "en les tendes de Marchalena tras lo monastir de la Çaidia". Avec. Por 10 años.Fid; Guillem de Resques, tejedor, habita Pª Santa Cruz "carrer major de Alfondech de la Moreria".Cuestión que para aclararla proporcionaría material para más de un capítulo, señalaremos que el núcleo principal del regadío de la acequia de Rascanya, comenzaba antes de llegar al Molí San Pau (Campanar), hasta que se alcanzaba el mencionado Molí de la Torreta, y después se dirigía al lugar donde actualmente se encuentra en la calle Reus, próxima al Pont de l´Anell (calle Acorazado), hasta que alcanzaba Tavernes Blanques, logrando los límites censados de los braços San Miguel, Orriols y Guatla. Hemos especificado claramente dos subespacios hidráulicos: El primero, partía desde el bollidor o encreuament (colosal obra de ingeniería árabe, por el cual se lograba que pasara una acequia Rascanya, sobre otra Mestalla, magno ingenio de la época situado entre las actuales calles Joaquín Ballester, Padre Ferris, luego alcanzaba el Molí Plantes, y Pont de les Llegues en la Travesía del Camino de Moncada , donde la acequia mare hace la primera gran subdivisión dentro de su sistema de derivaciones. El segundo subespació comenzaba desde la misma división en lenguas, a los braços de Guatla, En Blanch i Martell –aunque este primero se distrae un poco antes, al margen derecho de la acequia- hacia los brazales mencionados al comienzo .Así pues, una vez superado el bollidor, o encreuament, la acequia de Rascanya antes de adentrase por toda la vega, debía cruzar el caminàs de Marjalena/Marchalenes, un obstáculo de consideración, dado que el primer tramo de esta vía de comunicación entre el pont Nou (puente de San José y Tendetes, constituía el receptáculo natural de una de las varias boqueres del Barranc d´Endolça. Superado este camino el brazo principal se dirigía por el camino de Marchalenes en un curso paralelo a la acequia de Rambla (fillola de Mestalla), para poco después girar a su derecha y cruzar la senda o camí de Montanyana (posible ramal de la Vía-Augusta) detrás de la alquería medieval -actual Biblioteca Joanot Martorell) .Quizá, este sitio descrito constituye uno de los puntos más críticos en la concepción de la morfología inicial de la acequia por parte de sus constructores. La presencia de un cono de deyección del Barranc d´En Dolça, con un desnivel de cota muy fuerte, en la revuelta del importantísimo caminás de Marchalenes (actualmente calles Reus, y Doctor Olóriz) suponemos que obligó a los allivelladors hispanomusulmanes a plantear que la acequia circundara este accidente del terreno. Poco después, y cerca de los muros del huerto del monasterio cisterciense de la Zaidía discurría la acequia de Rascanya, (Monasterio que hasta la década de los años sesenta, estuvieron enterrados los restos mortales de la Reina Doña Teresa, esposa del Rey D. Jaime el Conquistador, su hijo el Príncipe y su nuera la princesa), distraía una parte de su caudal en el roll de Capuchinos -conocido también a época medieval como cequia de la Zaidía. La función de esta derivación no corrible era en una primera etapa la de abastecer agua a los diferentes centros religiosos periurbanos situados al margen izquierdo del Turia -desde el Monasterio de la Zaidía, pasando por el Convento de San Julián hasta llegar al Monasterio de los Capuchinos -, y a toda una serie de huertas y huertos contiguos, que existían entre la Rambla y el río, entre inicio del Pla de la Çaidía y el Camí d´Alboraia. Dentro de las coordenadas temporales del siglo XVIII, el roll de Capuchinos regaba las partidas: aunque no disponemos de datos equivalentes para el siglo XIX, parece evidente que a lo largo de ¨Çaidía -10 cafissades y 2 fanegadas-, de Capuchinos -33 cafissades y 8 fanegadas-, y l´Hort de la Calle de San Guillén -3 fanegadas esta centuria es produciría una progresiva merma en el perímetro irrigado de este brazo, como consecuencia de l´expansió urbana y el desarrollo industrial extramuros del septentrión de la ciudad de Valencia, que afectó este territorio de extramuros.Antes d´arribar al Pont de les Llengues, junto a la Travesía del Camí de Moncada, dentro de la partida del Fondo de la Belenguera (Berengana), se trovaba el Molí de Prósper, posteriormente conocido coloquialmente por Molí Plantes. Dentro de este sitio marginal, a la periferia nororiental del raval de Marchalenes, el recorrido de la acequia principal, constituía un trayecto de distribución ausente de riego -el riego de este territorio se realizaba con el caudal proveniente del Goleró de l´Esperança (que se formaba en el importante Camí rial de Lliria, a Marchalena ) derivación de la acequia de Petra (Mestalla), que articulaba buena parte del riego de Marchalenes , aparte del espacio entre el Camino de Barcelona, al Hospital de San Lázaro y el Camí d´Alboraia, por encima del ámbito dominado por el roll de Capuchinos -, lo cual justificaba razones favorables para el emplazamiento de este ingenio hidráulico. Concluiremos diciendo, que queda demostrada la importancia del regadío. No ocurre lo mismo con el nombre de Tendetes, resulta todo un amasijo de contrariedades interpretativas. Quede claro, que esa grafía, no corresponde al topónimo originario.
Bibliografía. –
AVAM: Estudis sobre la Molineria Valenciana )
Juan B. Viñals Cebriá.-Marchalenes (...) 2000




domingo, agosto 17, 2008

LA HISTÓRICA TORRE DE LA UNIÓN

LA HISTÓRICA TORRE DE LA UNIÓN
Juan B. Viñals Cebriá

En el originario poblado de Marjalena/Marchalenes, al igual que los otros circunvecinos de la parte izquierda del río Guadalaviar, o Turia, se hallaban antaño surcados por una extensa red de caminos de herradura, que conectaban unos pueblos con otros; esas vías aun las podemos encontrar en zonas en las que no es posible mejorar las comunicaciones. Al dia de hoy esas primitivas carreteras, plantean interrogantes de interés histórico. Lo primero conocer su oscura antigüedad. Generalmente el nombre de los caminos lo da el punto de su destino: por ejemplo por esta zona norte, de la geografía valenciana se encontraban camí Lliria-edeta, Paterna-paternus, Saguntun-arse. Queremos ahora referirnos al significativo caminás. En el acontecer de la más remota antigüedad, en tierras valencianas, existía un camino importantísimo que los valencianos coloquialmente le llamaban –Caminás-, calzada principalísima que no decía de donde venia, ni donde iba: simplemente que iba y venia de norte a sur, y de sur a norte. Se solía aceptar su antiquísimo origen. Todos los demás caminos le eran trasversales, lo que claramente indicaba su apertura posterior. En el antiguo Marjalena, gozaban de relevancia el camí des Bandejats, camí Moncada, camí Campanar, Camí Beniferri, Camí Tendetes, camí del Ollers, camí Montanyana, este último con reminiscencias de la Vía Augusta, en ese histórico camino aun hay un "corto trecho de renovados adoquines junto la Biblioteca Joanot Martorell". En aquel rustico y prehistórico –caminás- existente en este arrabal lacustre hasta el año 1791, estuvo la renombrada torre de la Unión, la cual se encontraba, en el vértice norte, de lo que antaño fue el típico lugar mitad huertano, mitad lacustre, de Marjalena y que desde el siglo XVIII al distorsionarse el nombre ahora conocemos como Marchalenes. La mencionada torre vigía se encontraba situada entre la –senda Bandejats- junto la acequia de Rascanya, -braçal del martell- próximo al -camí Montcada, paralelo al antiquísimo –camí Murviedro-La celebrada torre de la Unión, recuerda su existencia el Sínodo del Arzobispo Tomás de Rocaberti y en un bando de 11 de enero de 1627.
Tan histórica torre era, ni más ni menos, que un estratégico fortín de origen musulmán del siglo XI, que formaba parte de una estratégica red de alerta de las vegas y huertas; la torre se encontraba comunicada con otras que se encontraban situadas estratégicamente en las vías más importantes de de acceso a la ciudad de Valencia. La torre debía el histórico nombre por haber servido de encarnizada resistencia de los sublevados en la célebre guerra de la U
nión, enfrentamiento bélico sucedido a mediados del siglo XIV, y que se caracterizó por la coalición de los pueblos contra Pedro IV (conocido como el del Punyalet). Sobre tan histórica torre, existía antaño una leyenda popular, que mantenía la creencia de que por medio de de un pasadizo subterráneo se comunicaba con el no menos celebrado monasterio de la Zaidia. Se creía que al pie de la escalerilla de la entrada de la torre habia un pasadizo subterráneo, que conducía al citado monasterio Cisterciense, pero cuando fue derribado el baluarte no se encontraron vestigios de tan ilusorio pasadizo.
Por documentos encontrados, sabemos que en sus últimos tiempos (siglo XVIII), la torre “-se encontraba bastante deteriorada, aunque podían perfectamente apreciarse su estructura original. Estaba construida a base de mampostería, de planta ligeramente rectangular, con fachadas sensiblemente trapezoidales, y la parte superior en sus postreros tiempos se encontraba muy deteriorada”.
Sabemos, que su último propietario fue Carlos Benet, quien en el año 1791, ordenó derribar la
histórica torre de la Unión de Marchalenes.
BIBLIOGRAFIA
-Vicente Boix.-“Valencia (…)”.-1863.
-Marque de Cruilles.-“Guía urbana (…)”.-1876.
-Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes (…)”.2000.

sábado, agosto 09, 2008

MARCHALENES SIN AYUNTAMIENTO

MARCHALENES SIN AYUNTAMIENTO

Juan B. Viñals Cebriá

Vicente Boix Ricarte (Játiva,1813 - Valencia,1880), insigne cronista de la ciudad de Valencia, redactó un documento en el siglo XIX, por medio del cual se nos revela una interesante iniciativa que por aquellos tiempos no prosperó, pero que anduvo por las mesas de trabajo de las autoridades de la época. Pasado los años, advertimos que no progresó aquel ambicioso proyecto. Por ese motivo hemos de convenir, que a lo largo de la noche de los tiempos Marjalena/Marchalenes, nunca ha tenido Ayuntamiento, y por lo tanto no ha dispuesto de escribano propio, y su
historia hay que buscarla dispersa, y fragmentada en el Archivo del Reino de Valencia, Archivo del Ayuntamiento, Archivo de la Diputación Provincial, bibliotecas publicas, privadas, y hemerotecas. Pero para mayor desgracia en este arrabal lacustre, tampoco ha existido ninguna entidad pública, o privada, con tradición donde por lo menos se pudiesen mantener, o conservar fondos documentales a disposición de investigadores, y para las personas que les agrada conocer y tener conciencia de las cosas que le son más próximas. Por la mentada carencia de Ayuntamiento, y después por los avatares de las guerras del francés (1808), y posteriormente la guerra civil (1936-1939), nos han privado de disponer de documentos originales que nos hubiesen permitido conocer cambios, y circunstancias, acaecidas a lo largo de los tiempos en este viejo poblado. No obstante por una, u otra circunstancia, sabemos que han existido entre otros; el Palacio de ibn Mardanish (s. XI), -Real Monasterio de la Zaidia (s.XIII), la histórica Torre de la Unión (se llamó de la Unión en 1347, desde entonces se conservó el nombre que caracterizó la coalición de los pueblos, contra Pedro IV, -del punyalet-,fue derribada en 1791),Real de los Reyes Moros (posesión del rico mercader valenciano Jaime Perfeta,1428), -Encreuament-o –bollidor- (importante obra hidráulica construida durante el periodo islámico, donde las caudalosa acequia de Rascanya, pasaba por encima de la de Mestalla), Convento del Priorato de la Anunciada (1442). La visita de los Reyes Católicos (1482), Convento de la Esperanza (1509), Retablo (18OO),Parroquia de la Mare de Deu del Rosari (1858),Calvario (1884), Ermita de la Mare de Deu (1908), Las Salesas, (destruidas en 1936), Ave-Maria (1912), Escuelas Olóriz (1919),Santiago Apóstol(1966), Parque de Marchalenes(2001).

PRINCIPIO DE DESAPARICIÓN DE LAS HUERTAS



Durante los últimos años del S. XIX y primeros del S. XX es cuando el ayuntamiento de Valencia, decide ampliar la ciudad y se realizan las dos Grandes Vías y la avenida de Victoria Eugenia (Reino de Valencia) que en un principio, el proyecto pretendía que llegara hasta la escalera Real del Puerto. Con la aparición de nuevas zonas urbanas y la apertura y trazado de nuevos caminos cunden las expropiaciones por doquier, y la nueva gran ciudad se engulle la mayor parte de las huertas y vegas de este arrabal.
Frente al Monasterio de la Zaidía se acomete y ejecuta la apertura del camino nuevo de Barcelona (avenida Constitución), y varias calles adyacentes, hasta el molino de Villacampa. Por el oeste se proyecta y realiza el camino Nuevo de Burjasot o de Líria (Avenida Burjasot) Por la parte norte, siendo alcalde de Valencia don Joaquín Reig Piqué (1884-1885), se abre una gran ronda conocida como Camino de Tránsitos (Avenida Peset Aleixandre), su diámetro constaba de doce kilómetros y estaba previsto en todo su recorrido de planchas metálicas destinadas a favorecer el tránsito de los carros. También había árboles plantados que favorecían la sombra a los viandantes y carreteros. Entre las actuales calles Juan XXIII hasta la Gayano Lluch se encontraba el “femer” en donde los huertanos, depositaban los desperdicios que recogían en sus carros de las casas de la ciudad.
Por si esto fuese poco, durante el año 1887 aún se le esquilman alquerías y tierras a este arrabal, al instalar las vías del ferrocarril eléctrico de Marchalenes a Líria (nueva estación metropolitana) con sus correspondientes servicios anexos para el funcionamiento de este nuevo transporte destinado a personas y mercaderías.
Más recientemente L. Querol Roso en 1946 describe estas frondosas huertas que tanta riqueza producen y el relato comienza así:
“Todo género de hortalizas y frutales son los productos de esta estupenda zona...Los poblados más inmediatos, algunos ya referidos como Benicalap, Benimaclet, Campanar, Marchalenes, Monteolivete, Orriols, Patraix, Ruzafa, El Grao, Cañamelar, y Cabañal son verdadera continuación de la población de la capital y van quedando poco a poco anexionadas a la hermosa ciudad, corazón de la huerta”. SEGREGACIÓN DE VALENCIA
Para conseguir la mencionada segregación, debían de acogerse al artículo 310, de
La Constitución de 1812, también denominada La Pepa. Constitución que preveía se establecieran Ayuntamientos en los lugares que conviniera a sus vecinos. D. Vicente Boix, profesor y jurisconsulto, se refiere al mencionado documento, donde nosotros entendemos que se dieron los condicionantes para que en estas populosas barriadas se pudiese haber creado Ayuntamiento.
“Existe, empero, un proyecto para continuar el nuevo vecindario, formando un cuartel que llevará este nombre, sirviéndole de base las casas recién construidas y el convento de la Zaidia, delante del cual se formaría una inmensa plaza rectangular, que se hallaría a la cabeza de un puente que debe construir el ayuntamiento sobre la acequia de Mestalla, que cruza este terreno. Desde la plaza y en dirección al camino real de Murviedro en su confluencia con la cruz de Moncada, se formaría una calle magnífica de cien palmos de ancha, distribuidos en la manera siguiente: 20 a cada lado para los andenes, separados éstos por dos filas de árboles de la parte central que comprenderían los 60 restantes, destinados al tránsito de los carruajes. Los edificios, según este proyecto, deberían ser oportunamente destinados para grandes talleres de carpintería, cerrajería, coches, carros, etc., y otros establecimientos que carecen de local a propósito dentro de las murallas actuales, sirviendo muchas veces de incomodidad al vecindario. El proyecto permite adoptar en la fabricación o pared-fachada para las casas grandes y vistosas verjas, que sirvieran de entrada a los talleres, dejando ver a los operarios y sus trabajos. En la misma calle de Murviedro, y 200 pasos más abajo de la cruz de Moncada, tendría principio otra calle de suficiente anchura que vendría a desembocar junto al circo o reñidero de gallos, interceptada por dos plazas circulas, una mayor que otra con destino a mercado de este cuartel. Ambas plazas tendrían por objeto el proporcionar el debido enlace a varios callejones que hoy existen sin salida en la calle de Murviedro que, ensanchados competentemente y atravesando dichas plazas, vendrían a desembocar en la grande y hermosa calle antes indicada, englobando
una de ellas hasta el vecindario de Marchalenes. Nos parece este proyecto digno de llamar la atención, no solo de los vecinos todos de la capital, sino en particular de la sociedad de Fomento, única que está destinada por ahora a acometer tamaña empresa. Valencia se embellecería mucho más; aumentaría su población y su industria, y no serían desde luego improductivos los resultados de una justa especulación en este caso. Esta mejora apoyada, emprendida y ejecutada por la autoridad política daría nueva vida a este pueblo, se ocuparían infinitos brazos, y en el interior de la ciudad podría de este modo permitirse más ensanche del que ahora es permitido. Que se quiera, y se hará: haya impulso y protección y no será difícil aplicar la ley de expropiación a los pocos campos que sería indispensable adquirir para la ejecución de aquel proyecto. Este pensamiento no es nuevo, sin embargo: Escolano en su tiempo, Esclapés y Ortí en el suyo, ya deseaban este ensanche, si bien este último quería fuese abrazando la calle de Cuarte, Campanar, Marchalenes y calle de Murviedro”.
No se llevó a la práctica aquel que pudo ser tan interesante proyecto para la creación del municipio, y por lo tanto resignémonos a saber, que Marchalenes, careció desde siempre de Ayuntamiento. Por tal motivo, con desconsuelo, nostalgia, y hasta con reprimida melancolía, se desconoce donde a se hallaban los Palacios, Monasterios, Conventos, Almunias, cenias regadas con norias, rahals, alquerías, barracas, molins, la Rambla, i llogarets...
Desconocemos tambien donde se encontraba vora riu Turia, donde en sus riberas emergían las determinativas tierras lacustres. La desaparecida Rambla, (malecón), que después de rebasado, te adentrabas hacia el norte, y se alcanzaba el altozano, de la acequia de Rambla, y te encontrabas con las frondosas huertas, y vegas, (emporio de riqueza), bañadas por las cristalinas y abundantes aguas, provenientes de las siempre caudalosas acequias mayores o madres, Mestalla, Tormos, Rascaña, Braç de Petra, Rambla, Algirós, brazos, i goleró de l`Esperança, junto toda aquella extendida y bien trazada red de acequias menores, combinadas por, filloles, sequiols, sequioletes, rolls, braços, regs, encreuments, bollidor, goleró, llengues, i ullals, que en forma tan sorprendente llevan hasta el último territorio, el agua para el riego de tan glorificadas vegas y huertas.

Con tristeza, terminaremos diciendo, -que donde antaño se encontraba -Marjalena horta i marjals de l’antic raval de extramurs de la Ciutat de Valencia
-. ¡Ara,- no queda res!
Fin
Bibliografía
Abelardo Herrero Alonso.-“Toponimia (…).-1986
Rafael Solaz Albert. -Bibliófilo.
Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes huerta (…)”.-2000

sábado, agosto 02, 2008

FESTEJOS EN LA VALENCIA-MUSULMANA

FESTEJOS EN LA VALENCIA-MUSULMANA

Juan B. Viñals Cebriá

En tiempos de los musulmanes (Edad Media, 711-1492), eran lugares circunvecinos del Alcázar, o Palacio de la Çaedia, Beniachaf, Olarios, Rascanya, Mestalla, Petra, Rambla, Marchiliena, Vilanova, Murvedre, Campanar/Campanario, Beniferri, Guadalaviar, Mazlata…
Juan B. Perales, prolífico historiador, al referirse al monarca valenciano dueño y señor de la Zaidia, lo cuenta de la manera siguiente.-“Llamábase el rey moro Muhamad Aben Sad el Gazami Aben Mardanis, pero simplificado su nombre llamábanle comúnmente Aben Sad (…). Aben Sad tenía antes de ser rey de Valencia, su magnifico palacio, no inferior al de las huertas de la Almunia, llamado después el Real, y en la actualidad se le conoce como los Viveros, era superior al de todos los demás reyes que hasta entonces habían ocupado el trono de Valencia (…)”Aquel palacio era la Zaidía, y llevaba entonces el nombre de Mardanis, tronco de la familia de Aben Sad, originario de Marchalenes, nombre que llevaba a principios del siglo XIX, un barrio o pueblecito inmediato a aquel edificio”.

SEÑALADOS FESTEJOS
Todo se encontraba preparado para que se iniciasen los festejos decretados por la princesa Zaida, en honor del restituido matrimonio de sus idolatrados padres Ibn Mardanis, y Zobeldia. De inmediato corrió la voz por tierras valencianas; ninguno de sus moradores quería perderse tan esperados festejos. Era tanta la expectación levantada que los organizadores se vieron con la necesidad de acotar espacios mayores para poder acomodar todo el deseoso público que deseaba presenciar tan magno acontecimiento. Noches antes, lucían las coloristas luminarias artísticamente instaladas a lo largo de la Rambla. Habia tanta luminaria que daba la sensación de que habia amanecido un nuevo dia. Tan colorístico ambiente se encontraba envuelto por el embriagador perfume que emanaban las fragantes plantas y flores que se cultivaban en los cuidados jardines y márgenes de tan placentera rambla. Por todas partes se formaban corros de gentes, donde al fondo, se escuchaban notas de la embrujadora y mágica música andalusí-valenciana, interpretada por experimentados músicos nativos. Abría tan nutrida y colorista cabalgata, una numerosa escuadra de trompadors, quienes con depurada maestría hacían retintinear sus acicalados y radiantes instrumentos; tras estos, formaban los troteros, quienes montados sobre sus bien pertrechados corceles, formaban vistosa guardia de honor, y constituían cual adelantados de los modernos servicios de correos; después les seguían los Ollers (alfareros),quienes procedentes de los cercanos llogarets de la l`Olleria, que habían junto los frondosos boscajes y canyaverales que crecían junto la acequia de Petra, de cuyas riberas, se nutrían de arcilla, para la elaboración de los diferentes vasijas. Els Ollers, elaboraban variados utensilios. Detrás les seguía la comitiva formada por -els corders- - tejedores de vellut, y los molineros, cerraba tan brillante cortejo los prestigiosos -argenters-(plateros)-. Cada uno de esos grupos, ofrecían a los monarcas presentes artesanales. Las ricas familias y las más humildes, se presentaban para presenciar los actos ataviados con sus mejores galas. Los actos inaugurales consistieron en una vistosa interpretación de rítmicos bailes acompañados con cadenciosas notas musicales. De los más recónditos lugares se eligieron las mejores voces y los instrumentos de música más fantásticos, com, flautas, cornetas, chirimías, clarines y dulzainas. La gran parada tuvo lugar próximo al Pla de la Çaidia, en la que tomaron parte guerreros con armas militares, quienes desfilaban a los sones de marciales y rítmicas notas musicales.
Toda aquella abigarrada aglomeración quedaba concentrada en la anchurosa Rambla, que en aquellos lejanos tiempos alcanzaba desde el Palacio Real (ahora Viveros), hasta rebasar la llanura, o cuenca pluvial, donde se habia construido un puente, (actualidad, puente de San José), allí, es donde se encontraba toda aquella mezcolanza de personas entre los que se encontraban nobles castellanos, amigos de la realeza musulmana-valenciana, artesanos, labradores y gentes venidas de todos los confines del reino y de fuera del mismo. A todos los asistentes les unía el deseo de presenciar los festejos que en honor de los reyes habia organizado la princesa Zaida. Al concluir las tonadas, los interpretes fueron premiados con prolongados aplausos; seguidamente se ofrecieron unos armonizados festejos piro- musicales, los cuales hicieron las delicias de la concurrencia, finalizado este brillante festejo, el publico prorrumpió con ensordecedores aplausos, que fueron precedidos de una ligera pausa, es entonces, cuando dio comienzo la presentación de la competición naval, broche de oro, y punto y final de tan esplendorosos festejos. En esta fiesta náutica, participaban las más escogidas barcas mandadas por adiestrados jóvenes de nobles familias, quienes hicieron su aparición en una espectacular demostración de maestría sobre las aguas del Guadalaviar. Con insólita destreza las tripulaciones movían sus remos, lo cual parecía que hacían volar esas embarcaciones tan pulcramente engalanadas. Los actos estuvieron presididos por el rey Aben Sad Mardanis, quien para esta regia ocasión, se hizo acompañar en su barcaza, por su esposa, y su hija la princesa. La embarcación real, por su galanura y diseño descollaba entre todas las demás. La nave hizo su apoteósica aparición, escoltada por barquichuelos profusamente ataviados, y dirigidos por lo más florido de la nobleza. La presencia de los monarcas fue saludada por acompasados sones de la trompetería, acompañados por el colorista sonido de los fuegos de artificio. Ibn Mardanis, llevaba sentada a su lado a la reina Zobeida, a la que no cesaba de prodigar muestras de afectuoso cariño; la real pareja se encontraba nuevamente favorecida por una exultante emanación de amor.
De tan regia atalaya resaltaba la belleza de la princesa Zaida, quien acaparaba todas las miradas. La princesa respondía con muestras de angelical y distinguida cortesía, y contemplaba la competición marinera y con la destreza que hacían gala los esforzados remeros, y exhorta, contemplaba las voces y los movimientos de uno de los esforzados capitanes. Todos los participantes rivalizaban por alcanzar el valorado premio que recibían de manos de la princesa, y que consistían en unos guantes confeccionados con flores cultivadas en el palacio de la Zaidia, esta tradición de conceder a los ganadores flores de la Zaidia, perduró hasta las Justas Literarias, celebradas en Valencia, en el siglo XVII. Entregados los premios a los ganadores, la realeza continuó recibiendo venturosos parabienes de sus propios familiares y nobles. El público allí congregado ratificó el éxito del espectáculo prodigando atronadores y prolongados aplausos. En esos precisos momentos el orgulloso padre, habia podido comprobar el grado de aptitud mostrado por su hija en la planificación, y posterior preparación de tan loados festejos. El rey, dando muestras de colmada felicidad, musitó al oído de su esposa la reina .- “Para perpetuar este excelso momento de felicidad, el palacio Mardanish, que es portador de tan histórico calificativo, desde este momento pasará a designarse con el eufónico nombre de Zaidía, glorioso titulo que debe perpetuar a través de los siglos venideros la memoria y homenaje a la existencia de nuestra amada princesa Zaida”.
Nota.- Tan soberbio edificio fue incomprensiblemente derribado en 1808, y reconstruido nuevamente en 1919, y derribado definitivamente durante el boum inmobiliario de la decada de los años sesenta, del siglo XX.
Aunque se dice que -Aben Sad, nació en Peñíscola-, Juan B. Perales, asegura que.- “Aquel palacio era de la Zaidia, llevaba entonces el nombre de Mardanis, tronco de la familia de Aben Sad, de origen tal vez de Marchalenes, nombre que lleva un barrio o pueblecito inmediato a aquel edificio.”
Fin
Bibliografía
Juan B. Perales,-“Tradiciones Españolas”.-1882
Abelardo Herrero Alonso “Toponimia (…)”1991
Juan B. Viñals Cebriá. “
Marchalenes (…)”.2000

sábado, julio 26, 2008

FESTES EN L`HORTA DE MARJALENA/MARCHALENES

FESTES EN L`HORTA DE MARJALENA/MARCHALENES




Juan B. Viñals Cebriá



Marchiliena/Marchilienam/Marjalena,
Marchalena/Marjalenes/Marchalenes, (la olvidada terminación –ena- se engendra por el fenómeno
fonético que ocurría en ciertas hablas árabes por el cual el sonido [a] cuando es largo -[a:] o [ā]- se pronuncia en determinadas circunstancias como ē o ī; la imela fue frecuente en la valencia- musulmana).
Por todas esas mencionadas grafías y otras más, se conoce el nombre de este antiquísimo raval de vora riu, uno de los pocos lugares donde se conservan testimonios orales, pasados de padres a hijos, sobre los orígenes de sus más significativas fiestas. Testimonios que en este caso me fueron referidos por mi suegro D. Armando Amorós Donderis (1907 -1982). Mi padre político, al igual que mi esposa, mis hijos y mis nietos, son descendientes directos de una de las más acrisoladas familias que residieron en este típico lugar desde antes del siglo XVIII.
Señalaremos muy prontamente que los valencianos de Alicante, Castellón y Valencia, desde siempre hemos gozado de la consideración de ser un pueblo eminentemente trabajador, festivo, alegre y bullicioso; prueba de ello es la aseveración que hace al respecto D. Francisco de A. Carreres de Calatayud, quien dice de nosotros.-“Su espíritu, aunque algo modificado por el tiempo y la costumbre, sigue perdurando y dando a nuestro festejos un sello tradicional que los hace inconfundibles y distintos con el resto de España, y es porque como dijo el padre Mariana.-"Es innegable que los valencianos son bulliciosos de genio, vivos de ingenio, sutiles de discurso, agudos en inventar, primorosos en imitar, fáciles en mejorar y añadir, y sobre todo, aplicados cuando les importa; cualidades todas que, juntas con la generosidad de ánimo y franqueza en el gastar, les hacen singulares y aun únicos en la celebración de cualquier fiesta.”
EVOCACIÓN
Según mi suegro.- “En Marchalenes, des de sempre ens ha agradat molt la festa, però també hem sigut molt treballadors”. Yo, que bien le conocía, puedo dar fe de esa afirmación. Por lo tanto hay que activarse en explicar, que según la tradición en este barrio, desde siempre ha gozado de unas características propias y bien definidas en lo que se refiere a la personalidad de de sus hombres; honrados, cumplidores y laboriosos. Las mujeres madres abnegadas, fieles esposas, hacendosas en las cosas del hogar, y no en pocas ocasiones dispuestas a colaborar en algunos determinados trabajos agrícolas.
En esta barriada, sus vecinos gozaban de una buena merecida fama de ser formales en el trato, y que con manifestado orgullo presumían de la familiaridad que reinaba entre todos ellos, circunstancia que les permitía vivir de cómo si de una sola familia se tratara. En este peculiar poblado, mitad lacustre, mitad huertano, se guardaba un fervoroso culto a la amistad, y por supuesto por la fiesta. En este antiquísimo poblado con el solo escuchar por alguna de sus llogarets, el dulce sonido de la donçaina y el repiqueteo del tabalet, era como si de un resorte que les alegrara los corazones y si en ese mismo instante las circunstancias del trabajo lo permitían, era ya motivo suficiente para integrarse en la festa.
RETRATO COSTUMBRISTA DEL POBLADO
El padre Luís María Minguet(1904) publicó la.- “Historia del convento de Santa Mónica de Valencia” donde se reproducen algunos fragmentos del “Tratado de la capitulación de Valencia” en donde al referirse a “Marchalenes y a la calle Murviedro”, se puede leer: “Otra de la gran parte de la morisma vivía en los arrabales del margen izquierdo del Turia y se hallaba esparcida por la deliciosa vega, morando en barracas, alquerías pueblos de señorío, cuyos nombres remontaban su origen al de sus fundadores, ascendientes de los que a la razón se hallaban dedicados a la agricultura, rindiendo vasallaje a sus conquistadores.” Por lo tanto mi suegro me relataba que habia escuchado decir a sus abuelos que de este raval; llamaba poderosamente la atención del visitante, era la blancura de las fachadas de sus viviendas, costumbre arraigada en este placentero poblado, como queriendo perpetuar su ascendencia musulmana, de como si de un aldea moruna se tratara. La blancura de las alquerias y las barracas, se hallaban guarnecidas por verdes emparrados y rosales adosados en las fachadas de la puerta principal, donde enfrente siempre te encontraban con el pozo, -que proveía de agua fresca- protegido por la tradicional figuera y en ocasiones acompañada por algunos árboles frutales, sin olvidar la deliciosa llimera. Este idílico entorno se cumplimentaba por el apacible fluir del agua de las acequias – Mestalla, Rascanya, Tormos, Petra, goleró de l`Esperança- sequiols, donde en sus márgenes crecían canyes, i baladre (adelfa), la flor del lliri groc i lliri blau, junto con toda una variadísima mezcolanza de plantas, olorosas como el modesto mastranzo, a quien los valencianos coloquialmente le llamamos –matapuça-.
LA FESTA
El titulo de festes de porrat según se desprende de los documentos de la época era como la actual nominación de -Fiestas de Interés-. La organización de algunas de estas fiestas duraban todo el año, otras se instituían en pocos meses, y otras eran producto de nuestro –Pensat i Fet-. Estas últimas se realizaban en un santiamén, y en ellas nunca faltaba el tabal y la dulzaina; el horchatero, les “paradetes” de panolles torraes, carabassa torrà al forn, codonyetes, porrat, melons d`alger, i de tot l`any, peladilles, arnadí, torrò i altres llepolies.
Las fiestas de mayor arraigo hasta que se llegaba su celebración, los clavarios establecían toda clase de ingenios para conseguir el suficiente dinero para que su sueño se pudiese cumplir. Que las fiestas de ese año fuesen muy lucidas, y a ser posible que superaran a las del año anterior, se pretendía contratar mayor cantidad de luminarias y fuegos de artificio, la más afamada banda de música de la Vega. Los clavarios en cada fiesta, procuraban incluir algún nuevo festejo, que diese mayor realce y que pudiese ser recordado por el vecindario. Los cofrades, en sus casas recibían con pasacalle incluido el sabroso bescuit. Otro de los motivos para recoger dinero era la típica arreplegà. Por lo general este acto siempre se celebraba el domingo anterior a la festa grossa; los clavarios lucían la brussa negra del dumenge, y para el acto se hacían acompañar por el tabalet i la dolçaina, abría el cortejo, clavarios y clavariesas, la banda de música arropados por la chiquillería del poblado. Els festers recogían el dinero con gran mocadors d`erbes, anudados en las cuatro puntas, y les festeres con artísticos cantaros de alfarería de Manises, con esta manera tan sencilla, se iba haciendo la arreplegà.
LA FESTA
Además la junta de clavarios, estaba presidida por el Clavari Major. El vecindario participaba también adornando el altaret, o el retablo de San Vicent, que habia en la casi totalidad de las alquerias, y de las barracas, los cuales los adornaban con canyes verdes i tendres, alfàbega, gesmil, y otras de las muchas flores que se cultivaban o crecían silvestres por estas ubérrimas huertas. El festejo que siempre antecedía era l`entrà de la murta, de la cual cosa se encargaban los huertanos que disponían de caballos y carros, quienes los acicalaban y pertrechaban con relucientes guarniciones; después se dedicaban a recolectar fulles verdes, flor de baladre y otras muchas que crecían por estas vegas ; se seleccionaban las hojas mas verdes y olorosas, para después ir esparciéndolas por el suelo de las calles, dejando una alfombra de la cual emanaba un grato y oloroso perfume.
La atractiva nit d`albaes, donde en diferentes épocas actuaron entre otros, los afamados cantadores locales de diferentes épocas, la Cega de l`Olleria, Ceguet de Marjalenes, Carabina, Conxa la del Mercat, i Mata. Otra arraigada costumbre al estil de l`horta era la Alborá (alborada) en que los clavarios y vecinos haciéndose acompañar por un buen nutrido grupo de experimentados músicos, interpretaban escogida música valenciana, sobresaliendo en aquellas placidas y deliciosas noches, la claridad de las notas musicales, acompañados por un acompasado disparo de sonoros y coloristicos fuegos de artificio. Este último festejo y l`a nit d`albaes se dedicaba a las clavariesas, camareras y esposas, o novias, de los clavarios. Este acto finalizaba coincidiendo con el amanecer del nuevo día y era entonces cuando se iniciaba el volteig general de campanes, al que acompañaba la estruendosa dispará de trons i cohets. Cuando concluía tan atronadora disparà, y el volteo de campanas, inmediatamente y mientras duraban los festejos, los clavarios y los músicos celebraban el típico y suculento almuerzo a la costumbre d`horta marjalenca. Bon Profít.

Nota.-Entendemos que después de 1265, todos los días 20 de agosto se celebrarían grandes fiestas en el real Monasterio de la Zaidia, en honor de San Bernardo, y San Benito, fundadores del Cister, además hay que tener en cuenta la extraordinaria personalidad de su fundadora doña Teresa Gil de Vidaure, (considerada tercera esposa del rey Don Jaime I), y la importancia y predominio del Monasterio Cisterciense.
El historiador Marco Antonio Orellana, nos ofrece un testimonio referido a las fiestas de Santa Apolonia, (posteriormente desde 1956, patrona de los Oftalmólogos de España). Fiestas que se celebraban todos los días 9 de febrero, en el Convento de la Esperanza, que se encontraba situado justamente donde ahora se encuentra el Huerto de la Estrella. Por el fervor y popularidad que gozaban estas fiestas eran consideradas.-“Las fiestas únicas, que dio Valencia el pueblo desde antiguo el nombre y titulo de Festes de Porrat, se celebraban el día 9 de febrero”.
Posteriormente Joseph Bodria i Roig, por la notoriedad que gozaban las fiestas de esta barriada, escribe esto tan convincente.-“De les festes que encara duren i tots coneixen, no me ocupe, com son les de (…), Marjalenes a la Verge del Rosari”, día 8 de octubre. Combregar (comulgar de impedidos).Aun se celebra el dia de San Vicente Ferrer, a los ocho días del primer lunes de Pascua Florida.
Festa de la Mare de Deu dels Desamparats (en la ermita).imagen atribuida a Vergara, Fiestas suspendidas en 1936 y reanudadas en el años 1990 en la parroquia Beato Francisco Pinazo. Se celebra todos los años a mediados del mes de junio.
Santiago Apóstol, día 25 de julio. Desde el año 1940 hasta el año de la riada (1957) tambien disfrutaron de gran esplendor las fiestas en honor del patrón de España.
Tambien existe constancia de haberse celebrado la representación de la Carxofa de Silla (1914), con el testimonio del gran pintor D. Ignacio Pinazo.
Sin olvidar en pleno verano, las bulliciosas fiestas paganas (1933-1936) coloquialmente conocidas per les festes del pato, i conill.

Fin

Bibliografía.

Joseph Bodria.-“Festes de Carrer”.-1906.
Abelardo Herrero Alonso.-“Revista de Filología Valenciana”.-1997.

Juan B. Viñals Cebriá.-“Marchalenes (…)”-2000-.